Debemos
analizar con detenimiento el objeto a fotografiar, prestando atención
a su tamaño.
Así como encontrar la perspectiva que queramos obtener y la distancia
a la que podamos fotografiarlo, lo cual nos dirá qué tipo de material
es necesario (una lente de aproximación, un fuelle, distancia focal
del objetivo, etc.)
Para apreciar el tamaño real de nuestro motivo, podemos añadir
a la foto algún objeto que sea fácil de reconocer.
Fondo
Es mucho
más importante este detalle de lo que en principio pueda parecer,
ya que cuántas veces hemos visto fotos con una hoja de papel de
fondo, donde se aprecian claramente los extremos de la hoja e incluso
la mano que la sujeta.
Para evitar estos detalles, que desmerecen por completo una imagen
bien realizada, es importante localizar algo que nos cubra perfectamente
el espacio del encuadre. Puede ser cualquier cosa que no distraiga
la atención del motivo a fotografiar, pero lo suficientemente grande
como para evitar visualizar espacios sin cubrir o elementos que
lo sujeten.
Lo más habitual es hacerse con una cartulina doblada en forma de
"L", pero sin marcarla, manteniendo el cambio de dirección en curva.
Si no disponemos de una cartulina lo suficientemente grande podemos
usar una tela cuyo tramado y color no se convierta en el centro
de atención de la imagen. Si estamos en el exterior no es imprescindible
colocar algo de fondo, podemos buscar un lugar que no produzca contraluz
ni distraiga excesivamente la atención. Fotografiar el motivo dentro
del contexto de su ambiente natural puede beneficiarnos creando
un fondo real.
Iluminación
La
iluminación es difícil, porque necesitamos mucha cantidad de luz,
normalmente muy cerca del motivo y debemos evitar hacernos sombras
nosotros mismos. Si usamos luz ambiente, hemos de aprovisionarnos
de reflectores para dirigir la luz a las áreas que nos interese
que no queden subexpuestas. En caso de usar luz continua debemos
usar luz de tungsteno y filtrar el objetivo con un filtro de compensación
de color azul (80 A).
El tungsteno es una luz muy dura, así que deberemos prestarle especial
atención a las diferencias de exposición de una zona a otra. Los
reflectores nos serán de gran ayuda para evitar demasiado contraste.
Con fluorescente usar los reflectores y su correspondiente filtro
en la óptica. Esta luz es muy suave, pero hay que tener en cuenta
que existen diversos tipos y sus características cromáticas son
muy distintas, con lo que deberemos filtrar en función de la temperatura
de color del que usemos.
Para flash el tema se complica, a menos que este sea TTL (La luz
de éste es regulada por la cámara a través del objetivo), ya que
deberemos medir la luz con un fotómetro de mano para flash o realizar
el cálculo de la distancia y potencia para averiguar el diafragma
y modificar la exposición en función de los valores de pérdida de
luminosidad que nos imponga la extensión de la focal, los anillos
de extensión o el fuelle que estemos usando.
Profundidad
de campo
Este
es uno de los puntos más importantes y complejos. Consiste en el
espacio comprendido entre la distancia mínima y máxima en las que
tenemos foco. Dicho espacio disminuye radicalmente a medida que
nos acercamos a un objeto, llegando a ser crítica en macrofotografía.
Para obtener máxima profundidad de campo debemos cerrar el diafragma
lo más posible, ya que a mayor diafragma (más cerrado) obtendremos
más profundidad de espacio enfocado.
Esto nos presenta directamente un problema, ya que al cerrar al
máximo la abertura tenemos que aumentar el tiempo de toma, para
no variar la proporcionalidad de diafragma/velocidad en la exposición.
Y teniendo en cuenta que este tipo de fotografía rápidamente nos
quita luminosidad, podemos vernos en exposiciones realmente largas,
o en el caso de usar flash, en tener que aumentar la potencia, acercarlo
más al motivo o incluso multiexposición.
En este apartado debemos echar mano de todas las ayudas que nos
brinde nuestro equipo, por ejemplo, si la cámara dispone de ello,
usar el botón de "comprobación de la profundidad de campo" ya que
su función es cerrar el diafragma sin obturar, con lo que veremos
realmente la zona enfocada tal y como quedará con el diafragma que
hayamos colocado y podremos modificarla como mejor nos parezca.
Si no disponemos de esta opción en la cámara, tendremos que seleccionar
el punto de foco a ojo, usando la escala de profundidad de campo
del objetivo.
Al enfocar, colocamos el foco en un punto determinado, no obstante
tenemos un espacio previo y posterior en los cuales lo mantenemos
(profundidad de campo), con lo que dicho punto no debe estar nunca
en la parte frontal del motivo, de no hacerlo así estaríamos desperdiciando
un área de foco. Es recomendable dejar un tercio de distancia por
delante del punto de enfoque y dos tercios por detrás, aunque esta
proporción varía en función de la distancia a la que trabajemos,
así que es recomendable realizar diversas pruebas variando esta
escala.
Cuidados
previos a la toma
Antes
de apretar el botón de disparo hay que hacer un repaso al modelo
y al fondo, de manera que no tenga motas de polvo, pelos, etc.,
que serán claramente visibles en la foto, así como fijarnos en los
pequeños detalles de colocación correcta del modelo, fugas, etc.
Con todo esto ya podemos proceder al disparo.